¿POR QUÉ LOS ESPAÑOLES GRITAN TANTO? Manual de supervivencia intercultural para quien aprende español.

 

 

 

 

Por Daphne Pellón.

¿Quién no lo sabe todavía? Los españoles hablamos alto. Muy alto. Los extranjeros que vienen por primera vez a España se pueden quedar en estado de shock al descubrir que hablar a gritos, en muchos casos, es un comportamiento completamente normal. Lo que para un belga puede ser una manifestación de puro histrionismo, es para nosotros una forma de habla más. Un test intercultural que se supera con total placided. Pero dejemos que Daphne, que está haciendo sus prácticas de máster de ELE de la Universidad Alfonso X el Sabio en Syllabus, nos ilustre sobre esta peculiar costumbre que tanto nos caracteriza.

Aprender español no sólo es memorizar verbos imposibles como “hubiera sabido” o descubrir que pedir una cena a las seis de la tarde puede provocar miradas de auténtica preocupación. Aprender español también es aprender a sobrevivir culturalmente. Y ahí empieza la verdadera aventura intercultural.
Muchos estudiantes llegan a España pensando que dominar el idioma será suficiente, pero nadie les avisa del auténtico examen: entrar en un bar lleno de españoles hablando todos a la vez sin que parezca que están discutiendo. Porque sí, desde fuera puede parecer una pelea… hasta que alguien pide otra ronda y todos se echan a reír. 
El choque intercultural aparece justo en esos pequeños detalles cotidianos. En algunos países, interrumpir es una falta de respeto; en España, a veces es sencillamente entusiasmo comunicativo. En otros lugares, preguntar “¿has comido?” puede parecer muy íntimo; aquí puede ser una muestra de
cariño comparable a un abrazo verbal.
Y hablando de abrazos… la afectividad cultural merece capítulo aparte. Hay estudiantes que pasan semanas preparándose para usar de manera correcta el pretérito imperfecto y, de repente, un compañero de clase les da dos besos para saludar. Crisis lingüística superada; crisis emocional
desbloqueada.
La interculturalidad no consiste en decidir qué cultura es mejor, sino en entender que existen diferentes maneras de interpretar el mundo. El silencio, la puntualidad, el espacio personal o incluso el volumen de voz tienen significados distintos según el lugar. Lo maravilloso ocurre cuando dejamos de pensar “esto es raro” y empezamos a pensar “esto es diferente”.
Además, el humor suele ser el mejor traductor cultural. Todos hemos vivido situaciones absurdas aprendiendo otro idioma como por ejemplo responder “igualmente” cuando el camarero dice “buen provecho”, dar la mano mientras la otra persona se acerca para dar dos besos o descubrir
demasiado tarde que “ahora voy” puede significar cualquier momento entre cinco minutos y el próximo siglo.
Aprender una lengua extranjera también implica aprender a sentir en otro idioma. Poco a poco, el estudiante deja de traducir palabras y empieza a interpretar gestos, tonos e intenciones. Y ese momento, cuando entiendes una broma local o usas una expresión coloquial sin darte cuenta, es probablemente una de las formas más bonitas de pertenecer a un lugar sin haber nacido en él.
Porque, al final, aprender español no es solo hablar. Es aprender otra manera de vivir las relaciones humanas.

 

Syllabus is the school for the people who  Spanish

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