CURSOS DE ESPAÑOL PARA LA VIDA REAL

 
Nos alegra ver cómo vamos entrando en la tan esperada normalidad este otoño. Es hora de continuar con nuestras vidas tal y como las conocíamos antes del Covid.
En Syllabus seguimos ofreciendo a nuestros alumnos cursos de español pensados para la vida real: innovadores, eficientes y sin artificios, tanto de forma presencial como online. Cursos que aborden el aprendizaje de español de la manera más auténtica posible adaptándolos a cada necesidad de los estudiantes. Cursos de español diseñados para profesionales, profesores, niños o para quienes simplemente quieran ampliar sus conocimientos lingüísticos y así poder interactuar mejor con el mundo.
 
QUEREMOS MOSTRARTE ESTAS 3 OPCIONES COMO PARTE DE NUESTRO CATÁLOGO:

CURSO GASTRO LINGÜÍSTICO CON ERASMUS+
¿Preparado para una nueva experiencia? Descubre este delicioso curso de Syllabus en colaboración con el programa Erasmus+. Nuestra apuesta por combinar la enseñanza del español con la gastronomía española de una manera conceptual, práctica y divertida. Este curso es ideal tanto para docentes como para estudiantes.
Aquí lo puedes conocer (inglés/español): A gastro-linguistic experience in the north of Spain with Erasmus+
Si tienes un nivel de español B o superior y estás hecho todo un foodie, este es tu curso.
Visita nuestro apartado en School Education Gateway para informarte sobre los contenidos, plazos e inscripciones de este curso.

CURSOS DE ESPAÑOL ONLINE PARA NIÑOS Y ADULTOS
Es ya una realidad. Las clases online han venido para quedarse para todos aquellos que no pueden desplazarse allí donde se habla español pero quieren seguir estudiándolo cualquiera que sea su objetivo.
Nuestro programa ofrece clases individuales y en grupo para niños y adultos. También español para fines específicos para adultos, así como preparación para el examen DELE.
A continuación te dejamos los enlaces (inglés/ español) para que tengas toda la información:
CLASES ONLINE PARA NIÑOS.
CLASES ONLINE PARA ADULTOS.
 
CURSOS PRESENCIALES A MEDIDA PARA GRUPOS REDUCIDOS
Creamos un curso de español para ti y tus amigos, compañeros de trabajo o familia completamente a medida teniendo en cuenta vuestro nivel de español. Nos centraremos en el tipo de contenidos (culturales, sociales, artísticos…) que más os interesen y tendremos en cuenta el horario que más os convenga, pudiendo elegir entre sesiones de entre 2 y 5 horas diarias.
También nos ocuparemos de vuestro alojamiento y de ofreceros un programa variado de ocio y actividades extraescolares.
Para cualquiera de estas opciones contáctanos aquí: info@syllabus.es
 
Un saludo cordial y gracias por tu tiempo.
El equipo de Syllabus.

Syllabus is the school for the people who Spanish

NUESTRO PROPÓSITO PARA 2020

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Apuntarse al gym, dejar de fumar, limitar el uso del móvil, volverse definitivamente vegano, ser un zen de verdad (y no de Instagram), sonreír 120 veces al día, viajar más, ser más sociable, encontrar novio o novia, aprender 1 idioma nuevo…

La lista puede hacerse interminable. Te recomendamos que comiences con acciones sencillas y realizables para que no termines desanimándote. Con los 8 primeros te deseamos lo mejor, con un poco de voluntad se puede conseguir lo que se quiera o como decimos en España, «querer es poder», pero con el último propósito para 2020 te podemos ayudar si el idioma que quieres aprender es el español.

Cursos de español + alojamiento para el verano 2018

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Spanish/ English

 

Se acerca el verano y aquí en Syllabus queremos ayudarte a tener todo preparado para tu experiencia de aprendizaje en España.
Tanto si eres de los que prefieren viajar a su aire buscando independencia como de los que quieren conocer la vida en familia de primera mano, te lo ponemos fácil.
Te ofrecemos una solución a medida. Una combinación de cursos de español + alojamiento tanto en apartamentos como en familias *exclusivo para los estudiantes de Syllabus.

El psicópata y su lenguaje. Una realidad más habitual de lo que creemos.

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El robot de Metrópolis (Fritz Lang, 1927) es capaz de adoptar formas y conductas humanas.

 

Olvídate de Hannibal Lecter y Norman Bates (pero por si acaso no los descartes del todo). Sí, esa es la primera imagen que nos alcanza cuando oímos la palabra psicópata. Asesinos terribles capaces de cualquier cosa para satisfacer su vacío, sus oscuros deseos. La realidad es que estos primeros existen pero en un porcentaje muy pequeño en comparación con el psicópata integrado (que supone el grueso de este colectivo de… ¿personas?). Un psicópata es un depredador emocional intra especie carente de empatía, emociones y con una autoestima muy exagerada cuyo objetivo vital es rodearse de personas a las que pueda parasitar hasta vaciarlas emocional, física e incluso económicamente. En el siglo XIX antes de que se hubiera desarrollado la psicología como ciencia, se les conocía como vampiros emocionales

Energía positiva en las palabras. Tres ideas.

 

Uno de nuestros primeros artículos hablaba sobre como una actitud abierta y optimista solamente podía beneficiarnos a la hora de aprender. En la vida cotidiana nos interesa aplicar la fórmula del optimismo a nuestras palabras y que ellas nos vuelvan más positivos.

 

¿Has pensado alguna vez en el poder que tienen las palabras que usamos a diario? ¿Elegimos las mejores palabras de nuestro repertorio o simplemente abrimos la boca y dejamos que salgan de manera automática?

Lo que ocurre es que inconscientemente hablamos utilizando «frases prefabricadas» sin preocuparnos demasiado por cómo influyen sobre nosotros a nivel psicológico. Con frecuencia nos perjudicamos en pequeñas dosis al introducir ideas negativas en el lenguaje. Digo esto sin querer adentrarme en territorios como la psicología o el coaching, en los que no soy experto.

Haz una pausa y compara «soy tonto, elegí la peor opción» con «me equivoqué, la próxima vez acertaré». Si te identificas más con la primera versión, es el momento de hacer un cambio, piensa en cómo hablas normalmente y si te afecta de manera positiva.

Pues bien, démosle la vuelta a la tortilla porque por suerte existen soluciones fáciles que mejoran nuestra autoestima y la percepción que los demás tienen de nosotros. Empieza por estas tres:

1. Cambia «agobiado» por «a tope».

Nuestra sociedad nos empuja (y nos mide por ello) hacia una realización que tiene que ver más con lo productivo que con lo personal. Esto nos produce una presión y un stress que a veces nos supera sin darnos cuenta.

Cuando nos preguntan «¿qué tal?» y contestamos «agobiado», sin quererlo estamos convirtiendo nuestra cabeza en el camarote de los hermanos Marx.

Prueba a cambiar el enfoque y substituye «agobiado» y toda la carga negativa que conlleva por la enérgica «a tope». Demuestra con este simple hábito que eres tú quien tiene el control sobre la actividad de tu vida y que eres capaz de disfrutar con ello sin dejar de lado tu felicidad. Así de sencillo.

No te agobies que es peor.

2. Adiós al debería, debo y tengo que.

Si hay algo que podemos decir de los verbos modales es que son capaces de limitar nuestra flexibilidad y autonomía.

«Debería hacer más ejercicio»; «Debo hacer la compra hoy a las 5 de la tarde»; «Tengo que escribir a mi novia para que no se enfade».

Todos ellos nos imponen un sentido de obligación más o menos fuerte, nos limitan y «reprimen». Estos verbos tienen un alto componente de rigidez que lejos de favorecer la diversidad (posibilidades) en nuestras acciones crean un impacto negativo sobre nuestra psique.

Fíjate en el debería. «Los deberías» tienen el peligro de volverse demasiado habituales y entrar en loop en nuestro habla. Si ese es el caso, conviene pensar en lo que realmente te importa. ¿Debería realmente preocuparme por todas las cosas que «debería» hacer? ¿Me sirven de algo? ¿Me hacen sentir bien? ¿Me proporcionan algún tipo de beneficio?

Si la respuesta es no, saca todo esos «deberías» de tu vocabulario y sustitúyelos por prácticos «voy a»; «voy a ir a…»; «quiero»; «haré»; «puedo»; «me encantaría»; «me gustaría»… todos estos términos tienen connotaciones positivas. Suponen una acción y por lo tanto un resultado. Desde el momento en que tomas tus propias decisiones te conviertes en una persona potencialmente productiva a través de la experiencia de hacer cosas.

También puedes aplicar esta fórmula al «debo» y al «tengo que».

3. El poder del «todavía».

Mejor verlo con un ejemplo: «No he encontrado mi trabajo ideal». Si añadimos «todavía» o una palabra o frase similar, el significado cambia y la probabilidad de éxito aumenta. Conseguimos rebajar el nivel de ansiedad y suavizar la sensación de «no estar a la altura» que nos producen este tipo de situaciones. «Todavía» o «aún» dan a entender que estamos en ello, seguimos en el proceso de búsqueda que nos mantiene en una actitud activa.

Además, el adverbio en cuestión, consigue que nuestra percepción de esperanza aumente y que abramos nuestra mente a nuevas/ distintas posibilidades que se nos presenten.

Estas han sido algunas ideas para encontrar energía positiva en las palabras.

 

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Syllabus, la escuela joven de español te ofrece un programa de aprendizaje y de actividades único en Santander, España. Las clases de español se complementan con cursos de surf, equitación, vela, turismo rural, taller de cocina española y todas las experiencias que hacen que la lengua y cultura españolas estén vivas.

Syllabus, the young Spanish school offers you a unique, activity-packed Spanish language learning program on-location in Santander, Spain. Language  instruction is complemented with surfing lessons, horse riding, sailing, rural excursions, Spanish cuisine workshops and all the other experiences that make Spanish language and culture come alive. 

Feliz Navidad

Feliz Navidad

Feliz Navidad

 

Hoy 25 de diciembre no queremos olvidarnos de todos nuestros seguidores y lectores. Los que estáis aprendiendo español, los que por casualidad habéis llegado hasta aquí, los curiosos. Los que esta noche vais a cantar villancicos y comer turrón y los que no también, estéis donde estéis, para todos, de parte del equipo de Syllabus, ¡Feliz Navidad!

El Barco

El Barco de Berria

Imagen publicitaria de mediados de los años 40. Eran tiempos de gloria.

 

Un barco de piedra sobre una playa de finísima arena blanca apenas transitada salvo por los locales. Aquel era un lugar especial. Glamour solitario de frecuencia alta junto al mar. Poesía pétrea incrustada en cristales de sal. Romanticismo soportando tormentas, largos y cálidos veranos y turistas curiosos por ver qué era aquella espectacular construcción.

A mediados de los años 40, la santoñesa playa de Berria era un paraíso deshabitado y salvaje a años luz de cualquier concepto del turismo que hoy día conocemos y allí estaba, imponente, aquel navío inmóvil recién construido. Casi el único lugar con vida de la playa, donde majestuosamente anclado en un paraje auténtico invitaba a dejarse hechizar por la efervescencia de la brisa marina y la espuma de mar mientras desde la terraza se contemplaba el ocaso por el oeste.

Mucho antes de que España conociera su boom turístico en los 60, una mujer pionera y visionaria, doña María Luisa Ibáñez de Betolaza, se adelantó a su época construyendo en 1947 El Balneario, como lo conocían en Santoña, también llamado El Casino por los turistas principalmente franceses o el popularmente recordado por todos como El Barco. Las opciones de ocio en la posguerra no abundaban y menos aún en un pueblo de pescadores, por lo que algo tan avant-garde en la forma y en el fondo, escenario de bodas, banquetes, bailes sociales y homenajes no podía pasar desapercibido.

Un domingo cualquiera de primavera podía ser así: al aparcamiento frontal junto a los jardines que lindaban con la carretera llegaba un Hispano Suiza del que descendían los padres y sus niños. Te recibían impecables camareros de smoking antes de sentarte a comer marisco -pescado a pocos metros de allí- en una mesa cubierta con mantel de hilo. La comida se servía en vajilla de porcelana en el comedor decorado con muebles art decó, cortinones y apliques en las paredes y a través de cuyos enormes ventanales rotúndamente redondos, solo se podía ver el mar. O por qué no, la emoción de sentirse a bordo en una velada amenizada con la música de una orquesta ajena al chaparrón que intentaba traspasar los ojos de buey del barco.

Pero el tiempo no espera por nada. La magia duró tres décadas y como si del exterior de una película se tratara, el encanto Hitchconiano propio del esplendor de los años 50 se fue transformando en la decadencia Polanskiana de los exagerados 70 para desaparecer para siempre en 1981.

 

El Barco de Berria

A pocos lugares la decadencia les sentaba tan bien.

 

El hecho de que ya no exista no hace más que alimentar su leyenda. Los turistas no entienden cuando oyen qué han aparcado sus furgonas en «El Barco», de la misma manera que los jardines hoy desolados, si pudiesen pensar, se sentirían abrumados por el imparable efecto de las barbacoas de domingo y las familias acampadas.

De aquel extraordinario restaurante nos queda el recuerdo, las imágenes y alguna que otra anécdota, como la que cuentan los marineros cuando de noche, al salir a faenar, las luces y la silueta de El Barco les hacía confundirlo con otro pesquero. Permanecen como extraños testigos de otro tiempo el muro de piedra que lo separaba de la playa y el suelo de cerámica azul y blanca que hoy atraviesan los surfistas corriendo a pocos metros de sus olas.

 

Casino de Berria

Detalle actual del suelo del comedor.

Coches de época a la entrada de El Barco.

Coches de época a la entrada de El Barco.

Mi especial agradecimiento a D. José Martín Solaeta por toda la documentación que aportó para este escrito.

Syllabus is the young Spanish school for the people who Spanish.

Romance y ortografía

amor y gramática

 

Leo algo en Facebook que me hace reír y a continuación pensar:

Se conocieron a la salida de un bar.

Fue amor a primera vista.

Intercambiaron números de teléfono.

A la mañana siguiente:

Ella: hola guapo, ¿cómo estás?

Él: vien ermosa, y tu?

Ella cambia de número, de ciudad y … hasta de nombre.

FIN

¿Cuánta «incompetencia lingüística» estaríamos dispuestos a asumir por el ser amado?

¿Tenemos una especie de termómetro que nos avisa de cuando echar a correr ante los gazapos gramaticales de quienes esperamos «algo» o por el contrario el amor lo perdona todo?

Bromas aparte, está demostrado que un correcto uso del lenguaje favorece las relaciones interpersonales. Si dos personas comparten el mismo nivel de habla tendrán mucho terreno ganado para un futuro desarrollo en su relación, cualquiera que sea. El lenguaje escrito es nuestra «tarjeta de visita», nuestras credenciales educativas y una buena ortografía puede llegar a enamorar.

Esta reflexión afina bastante el asunto. Quizá deberíamos entender la ortografía como parte de nuestro atrezzo lingüístico, las gotas de perfume que redondean nuestra presencia gramatical. Lo que no se escucha pero se lee y dice mucho de quienes somos.

Romance y ortografía, más cerca de lo que creíamos.