ELLE, EL PRONOMBRE DE LA DISCORDIA.

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Desde hace unos meses me llevo topando con el término «Elle» en un contexto que no conseguía encajar. No tardé en descubrir que no se trataba de una campaña de publicidad subliminal de la famosa revista de moda francesa dirigida a mujeres; ni de una exaltación de la tercera persona del singular en francés; ni de una espontánea reivindicación feminista gala al más puro estilo de la Nouvelle Vague.

 

Revista de moda Elle.

 

Anna Karina, musa de la Nouvelle Vague.

 
 
 
 
 
 
 
Que va, que va, la cosa estaba más cerca.
 
ÉL, ELLA, ELLE
En las sociedades occidentales, donde la vida es rápida, donde lo nuevo substituye a lo viejo antes de «estar pagado», es habitual descubrir acrobacias lingüísticas de esta jaez, porque el lenguaje actúa como un espejo que refleja lo que somos. La evolución.
‘Elle’, en plural «elles» es prueba de esta «evolución» del lenguaje y de nuestro tiempo. La RAE lo define como un «pronombre de uso no generalizado creado para aludir a quienes puedan no sentirse identificados con ninguno de los dos géneros tradicionalmente existentes».
Es decir, no distingue un género gramatical tradicional (él, ella), sino que alude a personas que no se identifican con el binarismo masculino-femenino, las personas no binarias, transgénero o tercer sexo. También se utiliza cuando se quiere identificar a personas sin querer aludir a su género.
El aspirante a pronombre ‘elle’ tenía todos los visos de convertirse en una aportación lingüísticamente inflamable y lo ha conseguido. Digamos que hay dos grupos de «opinadores»: el que aboga por un habla más abierta y progresista que refleje en el diccionario lo que se dice en la calle, y el tradicional, que tiende a evadir las modas verbales más o menos pasajeras. Obviamente es en el primer grupo donde se ha originado el neologismo ‘elle’ y nos lo ha enseñado a través de las redes sociales -puede decirse que Instagram atesora las crónicas sociales y el léxico cotidiano de sus parroquianos-.
Multitud de colectivos, activistas, asociaciones y federaciones (a destacar FELGTB) reclaman la presencia y normalización del pronombre elle por su carácter inclusivo y no sexista.
Pero por otro lado hay una parte del mundo académico que no está de acuerdo con el inédito pronombre al considerarlo innecesario o incluso un capricho ñoño de grupos minoritarios. Alegan estos lingüistas que en España la neutralidad de género ya existe y que de eso «se encarga» el masculino genérico (ello, ellos).
Quizá para los pro-elles esté ahí el problema y hayan encontrado en la irrupción y difusión de ‘elle’ un refuerzo para «despatriarcalizar» un lenguaje supuestamente sexista, pero la realidad es que hasta la fecha el uso del pronombre no ha sido reconocido por la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE).
En medio de estos dos grupos está la RAE, cauta y motivada por criterios filológicos contraria a la imposición del lenguaje desde lo extralingüístico. A favor del sentido común, y como ha ocurrido siempre, convertirá una palabra en legítima si es aceptada por la mayoría de la sociedad.
 
ELLE, DENTRO Y FUERA DEL OBSERVATORIO DE LA RAE
El primer paso fue incluir ‘elle’, de manera provisional, en el Observatorio de Palabras de la RAE a finales de octubre de 2020. La función del Observatorio de Palabras es la de recoger nuevos términos y expresiones (neologismos, extranjerismos, tecnicismos y regionalismos) usados por los hablantes del español pero que aún no aparecen en el Diccionario de la Lengua Española (DLE).
La cuarentena de ‘elle’ en el Observatorio de la Academia duró pocos días. La explicación que vía Twitter dio la RAE es la siguiente: «Debido a la confusión que ha generado la presencia de «elle» en el «Observatorio de palabras», se ha considerado preferible sacar esta entrada. Cuando se difunda ampliamente el funcionamiento y cometido de esta sección, se volverá a valorar».
¿Y cuál es la situación de ‘elle’ hoy? El tiempo dirá si tiene un uso frecuente y sostenido.
 
ELLE EN OTROS IDIOMAS
Es habitual que en las lenguas donde el género gramatical está marcado, hayan proliferado la creación de pronombres neutros para definir a quienes no se identifican con «él» o «ella». Es un fenómeno extendido en todo el mundo.
El equivalente de ‘elle’ en inglés es «they» utilizado como tercera persona del singular, aunque se usa normalmente como tercera persona del plural. Otros intentos menos exitosos han sido «jee» o «ney» para el pronombre neutro. En 2015 la American Dialect Society reconoció el ‘they’ singular como la palabra del año. También en 2015 la Academia Sueca adoptó el pronombre neutro «hen». Desde la década de los 60 las feministas suecas lo añadieron a los ya existentes «han» (él) y «hon» (ella) en un intento por promover la igualdad de género. En las últimas décadas ha sido el movimiento transexual quien lo ha popularizado llegando hoy día a estar completamente institucionalizado en el lenguaje jurídico, el marketing y por supuesto en las redes sociales.
En otros países como Francia la inclusión de pronombres y géneros neutros han sido ampliamente rechazados por la Academia Francesa considerándolos un auténtico descarrío. Es el caso de «iel» y «on».  
 
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One thought on “ELLE, EL PRONOMBRE DE LA DISCORDIA.

  1. En finés tenemos «hän» = él/ella. De hecho, si no me acuerdo mal, el pronombre «hen» del sueco proviene del finés (los suecos han querido imitarnos 😁). Pero por lo demás es al revés, en finés hay más palabras procedentes del sueco.

    Un saludo!

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