Halloween, la fiesta española que llegó a Estados Unidos

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Sabemos que la noche más tenebrosa del año es la del 31 de octubre, la noche de Halloween. Las calles se convierten en improvisadas películas de terror donde zombis, vampiros, brujas y toda clase de personajes terroríficos campan a sus anchas como Pedro por su casa mientras los niños llaman a las puertas preguntando trick or treat con la esperanza de llevarse un buen puñado de caramelos.

Ya pocos quedan por claudicar ante este carnaval del susto la víspera del Día de Todos los Santos en España.

Damos por hecho además que Halloween es un invento americano que hemos importado, como si fuera la Coca Cola, y que el cine se ha encargado de institucionalizar (sobre todo en las dos últimas décadas) en el subconsciente colectivo de todo el planeta.

En cierto modo sí, el fenómeno procede de Norteamérica pero antes de que nos lo prestaran se lo habíamos prestado nosotros.

 

El origen está en el Samhain

Halloween (All Hallows’ Eve) se celebraba en Europa mucho antes que en Estados Unidos. Antes de Cristo, los pueblos celtas irlandeses, realizaban la noche del 31 de octubre un ritual conocido como Samhain, un festival pagano para conmemorar el final de la época de cosechas que coincidía con el solsticio de otoño dando comienzo al nuevo año celta.

Cuenta la leyenda que durante la noche vida y muerte confluían. Los espíritus de los familiares fallecidos, a través de los druidas, conectaban con el mundo terrenal pero no estaban solos, los espíritus malignos también hacían acto de presencia aprovechando el revuelo e intentaban secuestrar las almas de los vivos.

El Samhain o Samaín fue una festividad de gran importancia en los territorios europeos tocados por la cultura celta, como ocurría en el norte de España. Así fue hasta el siglo IX, cuando el papa Gregorio IV convirtió la celebración en lo que hoy llamamos el Día de Todos los Santos , respetándose el culto a los difuntos. En Méjico ha evolucionando a través de las reminiscencias de la civilización Maya hasta transformarse en el popular y colorido Día de los Muertos.

 

La calabaza de Halloween

Se cree que la costumbre de vaciar las calabazas lleva implícita la marca España, ya que desde el siglo XVIII en Cataluña, Castilla y León, Castilla La Mancha, Cantabria, Galicia, Asturias, Extremadura y Aragón era lo habitual para la celebración del día de Todos los Santos. Se tallaban calabazas con forma de cara y se introducía una vela ardiendo dentro. De alguna manera estas linternas vegetales en honor a los difuntos habrían llegado a Irlanda y desde allí alcanzaron la costa de los Estados Unidos como consecuencia de la emigración masiva para escapar de la hambruna a mediados del siglo XIX.

A partir de este momento, el fenómeno Halloween se ha ido dilatando hasta nuestros días como una fusión entre el Samhain y la tradicional fiesta religiosa del día de Todos los Santos. Desarrollando toda una iconografía y marketing terrorífico.

¡Feliz noche de miedo!

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