HABLANDO A GRITOS: CÓMO HABLAN LOS ESPAÑOLES CUANDO ESTÁN ENFADADOS (y por qué parece que siempre están discutiendo).

 

 

 

Por Daphne Pellón.

 

Si estás aprendiendo español seguro que alguna vez has pensado: ¿por qué están hablando a gritos? ¿Están peleándose… o simplemente hablando?, tranquilo, no eres el único.

 

UNA CUESTIÓN CULTURAL

Muchos estudiantes extranjeros se sorprenden la primera vez que escuchan a varios españoles hablando a gritos, o con un tono más alto de lo normal, entre ellos. Las voces suben, las frases se pisan, alguien golpea la mesa con la mano… y, sin embargo, cinco minutos después todos siguen tan amigos.

Entonces, ¿por qué los españoles parecen enfadados incluso cuando no lo están? Y cuando realmente se enfadan… ¿cómo hablan? Una de las primeras cosas que llama la atención es el volumen. En muchos países, levantar la voz significa conflicto inmediato. En España, no siempre. Los españoles solemos hablar con bastante intensidad, especialmente en bares, reuniones familiares o conversaciones apasionadas. Cuando alguien se enfada de verdad, normalmente habla más rápido, aumenta el volumen y utiliza muchísimos gestos. Expresiones como “¡Pero vamos a ver!”, “¡Que no, hombre!” o “¡Te lo estoy diciendo!” pueden sonar dramáticas para un extranjero, aunque a veces simplemente forman parte de una conversación animada.

Otra cosa que sorprende mucho es que los españoles se interrumpen constantemente. Para muchas culturas eso resulta muy descortés, pero en España muchas veces significa justo lo contrario: interés y participación. Las conversaciones suelen ser rápidas, caóticas y llenas de interrupciones. Uno empieza una frase, otro la termina y un tercero responde antes de que el primero haya acabado. Y, milagrosamente, todos se entienden.

Además, el español del enfado tiene expresiones muy características: “¡Madre mía!”, por ejemplo, puede expresar sorpresa, desesperación o cansancio. “¡No me fastidies!” es una forma bastante suave de mostrar indignación. Y luego está el famoso “¡Hombre!”, que dependiendo del tono puede significar alegría, protesta o incredulidad absoluta. 

Pero si hay algo fundamental para entender a un español enfadado, son los gestos. Las manos participan activamente en la conversación: señalan, se abren dramáticamente, acompañan cada palabra. Muchos estudiantes dicen que los españoles hablan con todo el cuerpo, y no les falta razón.
Lo más curioso es que el enfado español suele durar poco. Dos personas pueden discutir intensamente durante unos minutos y, justo después, seguir hablando con normalidad o irse juntas a tomar algo. Para muchos extranjeros esto resulta desconcertante, porque el conflicto se vive de una manera mucho más expresiva y menos contenida.

 

AL FINAL, NO ERA PARA TANTO

También hay que entender que en España quejarse forma parte de la vida cotidiana. Nos quejamos del calor, del frío, del tráfico, de los precios y hasta de lo rápido o lento que camina la gente. Pero muchas veces esa queja no significa enfado real; simplemente es una forma de conectar socialmente.
Entonces, ¿cómo saber si un español está realmente enfadado? Curiosamente, no siempre es por los gritos. A veces la señal más peligrosa es el silencio, un tono demasiado seco o ese “bueno…” que puede anunciar tormenta.

En realidad, la comunicación en España suele ser emocional, directa, rápida y muy expresiva. También gritona, y, aunque desde fuera pueda parecer agresiva, muchas veces es justo lo contrario: una señal de cercanía, confianza y espontaneidad.

¿Te ha pasado alguna vez pensar que unos españoles estaban discutiendo… y descubrir después que simplemente estaban teniendo una conversación normal?

 

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Syllabus is the school for the people who Spanish

Los Sanfermines y su jerga.

Vista general del primer encierro en la calle Estafeta.

Ya estamos en San Fermín. Como cada año las calles de Pamplona se inundan de miles de pamploneses y visitantes ataviados con el característico traje blanco y pañuelo rojo al cuello para celebrar los Sanfermines, la semana repleta de festejos en honor de San Fermín.

Durante 9 días los Sanfermines se convierten en una fiesta donde locales y foráneos disfrutan como iguales. Pamplona se convierte en el lugar más feliz del mundo. Una esfera de celebración, vino, cánticos, toros y eventos folclóricos que no quiere tener fin. Pero por desgracia para guiris y lugareños lo tiene. El 14 de julio a medianoche llega el momento de reunirse en la Plaza Consistorial para entonar el «Pobre de mí», un triste canto de despedida mientras una traca de fuegos artificiales chisporrotea en el cielo y los parroquianos allí congregados se desprenden del pañuelo rojo que les acompañó a lo largo de la fiesta.

«Pobre de mí, pobre de mí, que se han acabado las fiestas de San Fermín”.

Fue Ernest Hemingway a través de su bestseller de 1926 «Fiesta» («The Sun Also Rises») el que dió fama internacional al multitudinario evento. Un encuentro que no deja de generar interés entre los extranjeros, que al contemplar las imágenes de los encierros en la calle Estafeta, quieren participar y ser parte de todo ese caos y alegría. De la fiesta.

Hemingway, pletórico en los Sanfermines.

Hemingway, pletórico en los Sanfermines.

Los Sanfermines tienen un importante componente léxico inseparable de la celebración. Tal vez estés pensando en correr delante de los toros estos días, pero tanto si eres un valiente o simplemente quieres disfrutar de la cultura española en estado puro, te vendrá muy bien dominar un poco la jerga sanferminera:

Chupinazo: tenía que ser la primera palabra. Es el cohete que se lanza desde el ayuntamiento de Pamplona para dar inicio a las fiestas. La Plaza Consistorial repleta de asistentes, espera el ansiado momento para anudarse el pañuelo rojo al cuello y brindar con champán. Será el primero de muchos brindis.

Pañuelico: es así como se llama el pañuelo rojo. Es rojo porque simboliza la sangre de San Fermín que fue decapitado. Tradicionalmente llevaba bordado una imagen del santo o el escudo de Pamplona. Antes del chupinazo se lleva atado a la muñeca.

Encierro: ¿Quién no ha oído hablar de ellos? Este acto es el que da fama mundial a Pamplona. Se realizan cada mañana entre el 7 y el 14 de julio dentro del casco antiguo y consisten en un recorrido de 849 metros delante de los toros  que culmina en la plaza de toros. La duración media de cada encierro está entre dos y tres minutos. Por si quieres ampliar la información.

Séptimo encierro San Fermín, 13 de julio 2015:

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Encierrillo: Sin corredores, en silencio y a la luz de la luna. El encierrillo es una de las tradiciones más antiguas, data del año 1899 y consiste en el traslado de la ganadería brava desde el emplazamiento que ocupa en Pamplona desde su llegada, junto al río Arga, hasta los corrales de Santo Domingo, punto de partida del encierro al día siguiente.

Mansos: A diferencia del ganado de lidia, son toros mansos castrados. Durante el encierro guían a los 6 morlacos (toros de lidia de gran tamaño) hasta la plaza a través del trayecto que conocen gracias a su entrenamiento y mantienen a la manada unida.

Calimocho (kalimotxo): Bebida típica de los Sanfermines. En una mezcla de vino tinto y Coca-cola . Lo típico es servirla en cachi (catxi), un vaso de plástico grande de aproximadamente un litro. Se pide así: «un cachi de calimocho».

San Lorenzo: Es la parroquia dedicada al santo construida en 1717. Dentro podemos ver sobre un pedestal labrado en plata la talla de San Fermín del siglo XVI. Es desde esta parroquia donde el 7 de julio a las 10 de la mañana parte la procesión de San Fermín ante una concurrida audiencia que quiere ver al santo.

Iruña: Nombre que recibe Pamplona en euskera. También es el nombre del famosísimo café ubicado en la plaza del Castillo y construido en 1888. Un espacio emblemático y lleno de encanto tradicional que es visita obligada en la capital navarra.

Peña: las peñas alegran las fiestas como nadie. Son agrupaciones de amigos que se reúnen en sus propios locales donde organizan animadas tertulias. Se las diferencia porque tienen su propia banda de música e indumentaria.

Vallado: es algo tan llamativo como necesario. Durante los encierros se colocan a ambos lados de las calles tablones de madera con el fin de delimitar el camino y encauzar la  carrera. Los mozos utilizan el vallado para protegerse de las reses en su descenso hacia la plaza.

Mozo: es así como se conocen tanto a los jóvenes pamploneses que participan en las fiestas como a todos aquellos que toman parte de los Sanfermines. La indumentaria blanca y el pañuelo rojo son sus señas de identidad.

Gigantes: los gigantes son las figuras más antiguas. Datan de 1850 y sobre el bailador alcanzan los 4,20 metros de altura con un peso que oscila entre los 59 y los 64 kilos.  Se componen de cuatro parejas formadas por un rey y una reina que representan a América, África, Europa y Asia, y bailan al son de la gaita y el tamboril.

¡Viva San Fermín!