Desde hace unos meses me llevo topando con el término «Elle» en un contexto que no conseguía encajar. No tardé en descubrir que no se trataba de una campaña de publicidad subliminal de la famosa revista de moda francesa dirigida a mujeres; ni de una exaltación de la tercera persona del singular en francés; ni de una espontánea reivindicación feminista gala al más puro estilo de la Nouvelle Vague.
No es nada fácil elegir a 12 personalidades enormemente creativas e influyentes de la cultura española del siglo XX. Siempre va a faltar alguien. Y eso es porque España es un país que rebosa arte, imaginación, alegría e inteligencia creativa. Los artistas -con mayúsculas- que vas a encontrar a continuación son una miscelánea de músicos y cantantes, pintores, cineastas y escritores, pero también son el puro reflejo del carácter español presente en su legado, que ya sabemos que es un cóctel bien mezclado de despreocupación, osadía, generosidad, optimismo, sacrificio, lealtad, disfrute de la vida, pero también somos de condición perezosa, contradictoria, rebelde, altisonante y un poco temeraria.
Lo que nadie puede negar, lo que nos diferencia del resto del mundo es la capacidad que tenemos para hacer de la vida un arte, bañando de gozo cada gesto, cada movimiento, transmitiendo esa autenticidad enraizada en nuestra propia naturaleza.
A menudo me encuentro en medio de la misma conversación. En realidad es una conversación «bitópica» (valga el vocablo recién inventado) en la que por un lado se alaban las bonanzas y la calidad de vida española para, acto seguido, oscurecer nuestra buena estrella en un súbito y bipolar cambio de juicio.
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«No sabemos lo que tenemos…», o «en España se vive como en ningún otro sitio», o, «la calidad de vida española es la mejor del mundo»… ¿Te suenan todos estos tópicos? Si España es un lugar tan maravilloso para nacer, ¿Qué nos pasa a los españoles? ¿Somos unos pesimistas patológicos? ¿Somos incapaces de apreciar todo lo bueno que tenemos? →
Decía Hemingway que «el océano merece que se escriba sobre él tanto como lo merece el hombre» y tenía razón, sobre el hombre se ha escrito mucho y nos acordamos mucho de «él»cuando nos vemos amenazados por algún terror desconocido o infravalorado, que se ha hecho viral -como se dice ahora- y nunca mejor dicho.
Todo el planeta parece haber entrado en una suerte de conexión empática a raíz del Coronavirus. En las últimas semanas las circunstancias (las cifras, la incertidumbre, el aislamiento) han disparado nuestra consciencia del ahora, porque ha sido ahora cuando hemos descubierto que tenemos menos poder del que creíamos. Somos vulnerables. Efímeros como los copos de nieve que caen sobre un charco. →
Incluso antes de estrenarse, Joker se anunciaba como el gran éxito de 2019. La película protagonizada por Joaquin Phoenix y Robert De Niro es excesiva se mire como se mire: a día de hoy ya es una de las películas más taquilleras de la historia con una recaudación cercana a los 1000 millones; los críticos -eso sí, exceptuando a los más puristas- fluctúan entre la exaltación y la alabanza permanente de un fenómeno con asomos de tendencia urbana. Y por supuesto es excesiva argumental y cinematográficamente. La historia en la que un individuo experimenta una auto liberación brutal no es nueva. Ya lo vimos en Taxi Driver de Martin Scorsese, aquel antihéroe cruzado y en estado de gracia que ejerció su revancha homicida contra un Nueva York enviciado.
En Joker, (tranquilos, no hay spoilers aquí) el espectador participa en la exploración psicológica de un cómico fracasado que solo quiere abrirse camino en la vida, pero se da de bruces, entre otras cosas con su propio pasado.
Ni Ava Gardner, ni Elizabeth Taylor, ni Rita Hayworth, ni Sofía Loren. Todas ellas a la vez. Se llamaba María Félix y fue la diva indiscutible de la Época de Oro del cine mejicano. Hoy en Syllabus Blog rendimos homenaje a esta mujer arrolladora.
La Doña
Nació en Sonora, Méjico, el 8 de abril de 1914 y murió exactamente 88 años después. Fue una mujer hecha a sí misma. Ya de niña apuntaba maneras, se sentía más a gusto trepando árboles y perfeccionando sus dotes de amazona -llegó a convertirse en una jinete experta- que con las aficiones convencionales de las jóvenes. Profesionalmente fue descubierta (un día cualquiera mientras paseaba por una calle de Ciudad de Méjico), por el director de cine Fernando Palacios, a través de quien consiguió su primer papel, el drama romántico El peñón de la ánimas de 1942 junto a Jorge Negrete, con quien se casaría 10 años después. →