EL ARTE DEL PALÍNDROMO COMO NUNCA ANTES TE LO HABÍAN CONTADO

 

Alfonso es dueño de un corazón que bombea Coca Cola en dirección a los cuatro puntos cardinales para recordarnos la efervescencia de la vida.  Alfonsonoro como se le conoce en el mundillo, es un hombre del Renacimiento del Siglo XXI. Su rancho mental es un latifundio de creatividad pura: escribe, compone y practica un humor y filosofía de vida que lejos de ser divagante y errabunda es absolutamente consecuente con nuestra realidad. A ratos surrealista, a ratos intimista, siempre metalingüístico y atrevido, ejerce la poesía de la lógica para un mundo que no lo es tanto. Nuestro genial Alfonso ha venido a contarnos algo.

 

Por Alfonso González-Finat.

Escribir ES RECONOCERSE. Es ir A POR ROPA y volver desnudo para vestirse de nuevo. Es mirarse en un espejo cuyo reflejo está compuesto de palabras. Y si hablamos de palabras y de espejos deberíamos focalizar en la figura del palíndromo, a veces tan desapercibido.

Danza y comunicación: baila primero. Piensa después.

Anamarga durante una actuación

 

¿Cuánto conoces sobre los beneficios de la danza y la música? ¿Sabías que lenguaje y danza están en un mismo plano? Anamarga, una de las referencias actuales  más importantes de la danza en España, nos desvela en este artículo las conexiones que existen entre danza, música, lenguaje, aprendizaje y educación.

BAILA PRIMERO. PIENSA DESPUÉS. ES EL ORDEN NATURAL. Lo dijo Samuel Beckett y no puedo estar más de acuerdo.
Mi experiencia es la danza flamenca.

Que disfrutemos de la música es algo que ha traído de cabeza a científicos y biólogos, porque a simple vista parece que es algo que no tiene importancia. Entonces,

¿por qué bailamos y cantamos?

¿Por qué tocamos instrumentos?

¿Por qué vamos a conciertos?

¿Por qué el ser humano desde hace miles y miles de años destina energía y recursos a esta actividad?

La respuesta no es sencilla y tiene que ver con las leyes de la selección natural, simplemente nos gusta porque obtenemos beneficios físicos y psíquicos y nos produce un inmenso placer. Activa el sistema límbico y baña nuestro cerebro de endorfinas, las mismas hormonas que generamos cuando le damos un beso apasionado a alguien o nos comemos un buen trozo de tarta de chocolate, y es más, cuando cantamos y bailamos en grupo en un concierto, esa misma hormona nos ayuda a establecer lazos sociales y nos conecta, por lo tanto es parte de nuestra supervivencia.

La música está presente en todas las culturas desde hace miles de años y los científicos creen que podría haberse desarrollado como una forma de comunicación sencilla y natural anterior al lenguaje verbal, mas complejo por su sintaxis y reglas. De hecho, hay varias teorías que argumentan que la danza nació antes que el lenguaje a juzgar por las pinturas rupestres prehistóricas halladas en distintas zonas.

Desde que nacemos venimos preparados de serie para aprender patrones y estructuras. Gracias a la imitación y a la repetición aprendemos también a hablar, y esto hace que la música sea música. Pero además está la emoción, la música y la danza se procesan en regiones del cerebro asociadas a los sentimientos y a la memoria, de ahí que una melodía pueda generarnos desesperación o euforia, que pueda llevarnos a la mas profunda tristeza o alegría o recordarnos un momento de la infancia.
Cuando escuchamos o tocamos música, cuando bailamos, se activan múltiples áreas de nuestro cerebro, la parte del cerebro responsable del pensamiento racional se encarga de aprender lo que es la música.

Lo que la ciencia ha puesto de manifiesto es que hay dos grandes enseñanzas que sacamos de la música y de la danza:

1º Es el medio de comunicación que favorece las relaciones sociales, permite que la gente esté al lado unas de otras, imitándose, hablándose, y lo más importante conectando y comunicándose.
2º La música y la danza desarrollan la capacidad de planificar y de controlar tareas distintas que se ejecutan simultáneamente. Ayudan a mantenerte concentrado, y sin embargo todo esto ocurre mientras disfrutamos, solos o en compañía… es maravilloso.

Todos sabemos que las artes en general no forman parte de las conocidas como materias troncales, muy al contrario de lo que la neurociencia está demostrando desde hace ya algunos años. La danza no forma parte de los currículos de la formación primaria o secundaria. En primaria la música puede que en la nueva Ley de Educación desaparezca, y las artes plásticas están cada vez más arrinconadas, a pesar de que estamos rodeados de arte. A la larga esto trae consecuencias, la música y la danza aportan beneficios que duran toda nuestra vida a partir de una edad temprana y conducen a una mayor habilidad intelectual fuera de la música y la danza, o sea, sirve para todo. ¿Os preguntareis si eso ha sido probado? Las personas han sido capaces de mostrar diferencias claras en la memoria operativa que es la capacidad de recordar cosas, en una manera de usarla a corto plazo, mientras estas pensando, haciendo cálculos y planificando.

En definitiva, podemos beneficiarnos de lo que la danza y la música nos enseña en nuestro trabajo, en nuestra vida privada, solos, en pareja o en grupo.

¿Alguien se imagina la vida sin arte? Yo no.

 

El misterio de educar en el arte

Claudia Iza en tu taller de pintura.

Claudia Iza en tu taller de pintura.

 

Es propio de los buenos profesores (y todo un arte) que quieran estimular el potencial creativo de sus alumnos para que fuera de las normas, puedan encontrar su propio camino y crecer desarrollando una identidad. La diseñadora y profesora de pintura Claudia Iza nos recuerda con esta anécdota vivida en primera persona, que no solamente los alumnos aprenden de los profesores. 

En el exterior de mi estudio la lluvia cae con fuerza, insistente y casi musical, mientras, me preparo un té calentito… ummmm. Es un ritual dejarme caer en mi sillón amarillo y esperar de mi última obra, que me hablen  sus pinceladas prusianas y desmedidas que a veces  me complacen y otras me agotan. Por suerte suelo retornar de ese estado por la atención que reclaman mis alumnos.

Es sabido que la comunicación eficaz entre alumnos y profesor empieza por una acertada metodología de enseñanza. En mi caso el mundo de las palabras se transforma en un lenguaje plástico apropiado para cada alumno y su obra.

En una ocasión Arielle, alumna curiosa y decidida, me pregunta: ¿cómo puedo expresar rabia y furia en esta zona de mi pintura?

Le digo yo…vaya…a ver Arielle (pausa), observa  tu pintura y ¡prepárate para la furia! Mezcla, por ejemplo, en tu paleta, amarillo cadmio con carmín de garanza o amarillo con azul cobalto, amarillo con gris de payne, el amarillo es el más voluble, pierde su carácter y se convierte en un crisol de emociones.

OK, dice Arielle, entoces, ¿cuánto de amarillo y de carmín? porque sé que el violeta es  5 partes de azul y 2 de rojo y el marrón 2 de azul, 2 de amarillo y 1 de rojo…(silencio)

ya, le digo, déjate llevar Arielle, dale una oportunidad a tu cerebro, deja que desconecte de lo académico y viva este episodio de colores desordenados en tu lienzo.

Ahhh, umm, (silencio), me mira, (pausa) a continuación observa su pintura y sin pestañear estampa  la paleta de colores en el lienzo, como si fuera una tarta que acaba en un rostro, la gira una y otra vez con rabia y fuerza,  para exhausta y dice ¡uauuu!

Y yo apelo a un Goya anciano, me acuerdo de una litografía de su álbum de Burdeos que se titula “Aún aprendo”.

 

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