JOKER, TAMBIÉN NOS HAS TRAÍDO UN PUÑADO DE LÉXICO.

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Incluso antes de estrenarse, Joker se anunciaba como el gran éxito de 2019. La película protagonizada por Joaquin Phoenix  y Robert De Niro es excesiva se mire como se mire: a día de hoy ya es una de las películas más taquilleras de la historia con una recaudación cercana a los 1000 millones; los críticos -eso sí, exceptuando a los más puristas- fluctúan entre la exaltación y la alabanza permanente de un fenómeno con asomos de tendencia urbana. Y por supuesto es excesiva argumental y cinematográficamente. La historia en la que un individuo experimenta una auto liberación brutal no es nueva. Ya lo vimos en Taxi Driver de Martin Scorsese, aquel antihéroe cruzado y en estado de gracia que ejerció su revancha homicida contra un Nueva York enviciado.

En Joker, (tranquilos, no hay spoilers aquí) el espectador participa en la exploración psicológica de un cómico fracasado que solo quiere abrirse camino en la vida, pero se da de bruces, entre otras cosas con su propio pasado.

Joker, «precuela» de Batman, nos sitúa en la tétrica ciudad de Gotham donde reina la corrupción y donde se respira una sensación de opresión y crueldad. No hay demasiado sitio para las bromas o para cualquier actitud que desprenda rasgos de humanidad, lo que significa que la profesión de payaso -en español joker lo traducimos como bromista, bufón, payaso, chancero, burlón, chistoso…- estaría catalogada como una actividad de riesgo para subsistir o incluso de exclusión social.

De ahí que toda iconografía del bufón bromista suponga en la oscura Gotham la más acertada utilería para encender la mecha de rebeldía contra el establishment.

¿Hay algo mejor que un guasón de colores estridentes para crear pánico y confusión en un entorno hostil donde los ciudadanos son las polichinelas de unos pocos poderosos? Es la vieja técnica para diferenciarse del resto y lograr objetivos. Esto es «rebeldía empresarial» en esencia y aunque solo sea una película, una historia sobre un burlón jaranero en horas altas, o bajas -no sé muy bien- , el bildungsroman de un mofador jocoso completamente desnortado o el periplo de un zumbón psicótico, el éxito de Joker ha logrado que el término en sí mismo tenga 600. 000. 000 de búsquedas en Google, el doble que «Supermán» y un poco menos que «Trump».

 

Joker en otros países hispanohablantes.

Tanta búsqueda de una palabra nueva siempre ayuda a ampliar un poco nuestro léxico en español. 500 millones de hablantes de la lengua de Cervantes sin querer han traducido «joker» a su propia lengua. Pero también dentro del español hay variedades, fíjate en estas voces habituales de países donde se habla español: en Argentina joker se traduce como chistoso. Un recochero es en Colombia una persona burlona a la que le gusta la juerga. También tienen el término pelafo para referirse a alguien que hace payasadas, pero en un tono despectivo. Para los cubanos un jodedor es una persona divertida y bromista, muy distinto de como se traduce en otros países hispanohablantes. Los Panameños llaman muequera a quien gesticula de manera exagerada para llamar la atención y los venezolanos utilizan el simpático ponerse Popy, en referencia a un popular payaso de la televisión, cuando hablan de alguien que hace tonterías o que se resiste a la autoridad. En República Dominicana a alguien que hace el payaso o el ridículo lo llaman ridimongopaya (parece ser que viene de la unión de 3 palabras).

 

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