Colombine, aquella rebelde de hoy.

Colombine

 

Se llamaba Carmen de Burgos (Almería 1867- Madrid 1932) y se la conoce como la primera mujer española reconocida como periodista profesional. Me dirigiré a ella como Colombine ya que fue el pseudónimo que utilizó para firmar sus manuscritos cuando en 1903 empezó a escribir la columna Lecturas para la mujer en El Diario Universal. Esto la convirtió en la primera redactora con un espacio propio.

Colombine.

Colombine fue, claramente, una escritora adelantada a su tiempo con un estilo mucho más vibrante y arriesgado que sus contemporáneas. Encarnaba perfectamente el pensamiento progresista radical de las tres primeras décadas del siglo XX desde la perspectiva de igualdad entre hombre y mujer. La recordamos como aquella interesantísima mujer pionera y brava, liberal, combativa e independiente que peleó a través de sus artículos en prensa por el voto femenino y el divorcio. A destacar  El divorcio en España (1904) o La mujer moderna y sus derechos (1927).

Se granjeó el apodo de “la divorciadora”, la culpa la tienen artículos como El club del divorcio publicado en el Universal en 1903. Leído hoy día puede parecer de lo más pueril, pero hace 114 años la mayoría de la sociedad española reaccionó con rechazo.

“Me aseguran que muy en breve se fundará en Madrid un ‘Club de matrimonios mal avenidos’, con objeto de exponer sus quejas y estudiar el problema en todos sus aspectos, redactando las bases de una ley de divorcio que se proponen presentar en las Cámaras”.

Gracias a una beca que recibió en 1905 del Ministerio de Instrucción Pública, viajó por Suiza, Francia, Alemania, Dinamarca, Italia, Mónaco, Suecia y Noruega para estudiar los distintos sistemas educativos. Estos viajes reforzaron su perspectiva feminista y potenciaron sus ideales de manera activa.

Su producción literaria es muy extensa, casi compulsiva: 11 novelas largas, 100 novelas cortas, cuentos y ensayos. Destacaré estas 2:

Ellas o Ellos y Ellos o Ellas (1916), a pesar de que el título pueda parecer extraído de un discurso populista del panorama político actual, se trata de una novela corta que aborda el tema de la homosexualidad con inteligencia y sensibilidad. Destila ironía y elegancia. Este cuento es una tesis del encorsetado paisaje social del XIX y de las injusticias, contradicciones y convencionalismos que acontecen ante los ojos de sus protagonistas.

Puñal de claveles (1931), es una obra esencial para comprender su trayectoria. Basada en el crimen de Níjar que inspiró a Federico García Lorca a escribir Bodas de Sangre. En esta tragedia cargada de pasión, el tiempo y el espacio reciben un tratamiento exquisito. Son dos personajes más.

“La semana transcurría en esa rapidez con que se ven huir los días muy llenos de cosas en nuestra vida”.

“Dos coplas, alejándose en sentido contrario, marcaban el caminar de los dos amigos entre la plácida dulzura de los campos, en la sombra de la noche”.

 

Los miércoles de Colombine.

A principios del siglo XX las mujeres no podían disfrutar de las tertulias ni del ambiente intelectual que se gestaba en los cafés donde artistas, poetas y creadores varios se reunían. Por ese motivo Colombine decidió crear la suya propia en la madrileña calle San Bernardo, “Los miércoles de Colombine”, allí, a las 5 de la tarde se personificaba nuestra anfitriona, morro pintón, look flapper y zapatos Mary Jane añadían encanto a su descuido bohemio mientras ofrecía un té a sus contertulios. Desde estas charlas también surgió el interés por la causa judía y su retorno a España.

“Por mi casa de Madrid pasan escritores, periodistas, músicos, escultores, pintores y poetas… y cuantos artistas americanos y extranjeros nos visitan (…). Jóvenes y maestros (…) despiertan mi interés y me deleito en sus creaciones. No es necesario vestir de etiqueta… Todos somos hermanos, todos hablamos de arte…Todos son soñadores que luchan por el ideal”.

Guerra a la guerra.

Su vida fue una carrera de vallas en lo profesional por el hecho de ser mujer. Encontró todos los obstáculos con los que podría toparse esta emprendedora perteneciente a la Generación del 98. Pero fué sobre todo en lo personal donde tuvo que demostrar una entereza sobrenatural. En 1883 con16 años se casó con Arturo Álvarez y Bustos, 17 años mayor que ella, un periodista y pintor errático con bastante afición por el bebercio y las querindongas. El matrimonio fue un desastre instantáneo, pero no quedó ahí la cosa, sus 3 primeros hijos murieron de forma prematura. La alegría para Colombine se llamó María Álvarez de Burgos, su cuarta hija, que más tarde se convertiría en una actriz caprichosa e inconstante.

Fue en una de sus tertulias de la calle San Bernardo donde conoció a un jovencísimo Ramón Gómez de la Serna, 20 años más joven que ella y con el que practicó una relación literaria incomprensible para algunos por el carácter machista del intelectual vanguardista. Por encima de todo prejuicio social, la amistad se transformó en un romance que duró, contra todo pronóstico, 17 años. Pero el destino se la volvió a jugar a la autora. La consentida y procaz Maruja, como se conocía a María Álvarez de Burgos (Colombine hizo un gran esfuerzo, económico también, para rescatar a su hija de la adicción a la heroína), se lanzó en los brazos de Ramón cuando tuvo ocasión. A pesar de no ser una actriz trascendente, se las ingenió para participar en la obra Los medios seres (1929) que dirigía De la Serna, y entonces sucedió lo temido. La traición supuso para la madre el momento más triste de su vida, aunque ella evitó que la amistad con el autor se desintegrase. En cierto modo su espíritu combativo literario (y político también) fue la respuesta a todas estas tragedias íntimas, a sus tropiezos vitales. Ella no se quedaba allí, como las heroínas del celuloide, respondía con bizarría y determinación.

 

Gómez de la Serna en su estudio.

 

Colombine no fue solamente la primera mujer autodidacta convertida por méritos propios en periodista profesional. En 1909 se trasladó a Melilla para cubrir en primera línea el conflicto bélico en Rif. Este hecho hizo de ella la primera cronista de guerra española. En los artículos producto de su experiencia en el campo de batalla se aprecia una impronta antibelicista que iba in crescendo:

“El mundo civilizado pone el fusil en la mano del hombre, le da orden de matar, y si el hombre arroja el arma y rehúsa ser homicida, se le trata como delincuente…todo hombre debe, ante todo, y cueste lo que cueste, negarse a tal servidumbre”.

Horrorizada por la barbarie que vivió en Melilla, a su vuelta a Madrid, escribió un artículo titulado ¡Guerra a la guerra! donde defendía el derecho de todo humano a negarse a matar. Más adelante, en su libro Al Balcón (1913), habló de los pioneros de la objeción de conciencia.

“Sí. He hecho el periodismo vivo, activo, de batalla. He sido la primera mujer que se ha visto ante la mesa de la Redacción, que ha hecho reportajes, que ha organizado encuestas, que ha vivido y sentido. En fin, el periodismo de combate, ágil, nervioso y bohemio”. Son palabras de la autora antes de morir.

 

Que mejor que el 150 aniversario de su nacimiento para homenajearla y recordar hoy su vida y méritos. Si quieres saber más sobre Carmen de Burgos, no te pierdas este documental.

 

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